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El actual texto corresponde a uno de los artículos, «capítulos» –si quiere así llamarse–, del diario político de Enver Hoxha conocido como: «Las superpotencias» publicado en 1986, en el cual habla del panorama internacional de 1959 a 1983, y como no podía ser de otro modo, la política exterior china tiene cabida en estos escritos.
En el documento veremos un sagaz análisis sobre las consecuencias que tuvo para la propia China el apoyo a la «Comunidad Económica Europea» y la «Europa Unida»; siendo estos actos, una consecuencia más de la puesta en práctica de la «teoría de los tres mundos».
Para determinar que significaba esta postura para un país como China que se autodenominaba «socialista», el autor proporciona al lector un resumen sobre el carácter, historia y objetivos de la Comunidad Económica Europea –el precedente de la Unión Europea– también llamado Mercado Común Europeo, que hoy día continúa causando estragos entre los pueblos europeos dado su carácter imperialista. En ese sentido y como lectura complementaria obligatoria; recomendamos ver la obra de Lenin: «La consigna de los Estados Unidos de Europa» de 1915, para entender la crítica leninista del albanés al revisionismo chino:
«Sobre la actual base económica, es decir, con el capitalismo, los Estados Unidos de Europa significarían la organización de la reacción para detener el desarrollo más rápido de los Estados Unidos de América». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La consigna de los Estados Unidos de Europa, 1915)
No era ni es por tanto un organismo al que apoyar por su carácter burgués y capitalista, ni del que fiarse a la hora de combatir a otro bloque imperialista o sus organismos económicos, ya que es un proyecto de una serie de naciones para caminar como una sola en un Estado que aspira a ser superpotencia y recortar distancia frente a otros Estados que les llevan ventaja.
Fiel a la lógica del inicio de los contactos sino-estadounidenses, la política china de apoyar a las burguesías europeas y sus organismos comenzaría a inicios de los 70:
«La prensa y la radio italianas escriben y hablan con entusiasmo sobre la actitud de los chinos, quienes, por boca de Chou En-lai, llaman a Europa a «encontrar su unidad en todos los terrenos». Según las afirmaciones de Chou En-lai –siempre en base a la prensa italiana– «el proceso de integración europea constituye un elemento esencial para lograr una verdadera reducción de la tensión». Chou En-lai, según esta prensa, recalcó «la necesidad de que este proceso no se limite al sector económico, sino que se extienda también al terreno de la política y al de la defensa». No se puede ser más explícito. Y puesto que esto no ha sido desmentido, Chou En-lai lo ha dicho. Estos juicios de Chou En-lai son antileninistas y reaccionarios, están en oposición con las conocidas tesis de Lenin sobre el problema de los «Estados Unidos de Europa». Estos puntos de vista de Chou En-lai se alinean con los de la reacción europea. Chou En-lai está por la integración europea en interés del gran capital cosmopolita, es decir, está por su dominación política, económica y militar sobre los pueblos de Europa, está porque la ley de hierro del capital impere sobre los pueblos de Europa. Con sus tesis, Chou En-lai –que se nos presenta como el teórico del aprovechamiento de las contradicciones– ignora por completo las grandes e insuperables contradicciones entre el proletariado y los pueblos de Europa, por un lado, y los regímenes burgueses reaccionarios de sus países y las oligarquías capitalistas, por el otro; olvida, asimismo, las contradicciones entre las mismas oligarquías». (Enver Hoxha; Algunas declaraciones antimarxistas de Chou En-lai: Reflexiones sobre China, Tomo II, 15 de enero de 1973)
Para 1975, los medios de comunicación chinos no sólo daban su apoyo a la Comunidad Económica Europea para presuntamente «proteger» a los países europeos del «coco» soviético, ¡sino que instaban que los países del «tercer mundo» se apoyasen en ella!:
«En su discurso Li Chiang, ministro de comercio exterior, dijo que el señor Soames es el primer representante oficial de la Comunidad Económica Europea que ha visitado China y que su visita promueve un nuevo progreso en las relaciones entre China y la Comunidad Económica Europea. Señalo: «Desde el establecimiento de la Comunidad Económica Europea, ha habido una creciente tendencia hacia la unidad entre los países de Europa Occidental. No obstante ante la presión e intervención externas, han hecho continuos esfuerzos para salvaguardar su soberanía e independencia. Esto constituye un factor positivo en el desarrollo de la situación internacional. Agrego: Quisiéramos ver el desarrollo de mejores relaciones entre la Comunidad Económica Europea y los países del tercer mundo. Nos asiste la convicción de que, siempre que se unan los países que están sometidos a la agresión, interferencia y control de las superpotencias, frustrarán los complots de esas superpotencias que buscan hegemonía mundial». (Pekín Informa; 20 de mayo de 1975)
Como vemos, el revisionismo a nivel leyenda que los chinos alcanzaron en las diversas actuaciones diplomáticas llegaron al punto ya no sólo de simpatizar públicamente con la Comunidad Económica Europea, sino de promover la entrada de diversos países europeos en ésta lo más rápido posible:
«Presidente Ford: «Estamos muy preocupados por la situación en España también, señor presidente. Al rey lo apoyamos. Esperamos que sea capaz de manejar los elementos que pudieran socavar su régimen. Y vamos a trabajar con él para tratar de tener el control necesario de la situación durante este período de transición».
Presidente Mao: «Sería bueno que el Mercado Común Europeo los aceptara. ¿Por qué no acepta la Comunidad Económica Europea a España y Portugal?».
Presidente Ford: «Señor presidente, nosotros hemos exhortado a la alianza de la OTAN para que fuera más amigable incluso durante la dictadura de Franco. Y esperamos que con el nuevo rey España sea más aceptable para la alianza de la OTAN. Además creemos que la Comunidad Económica Europea debe ser sensible a los movimientos del gobierno español hacia la unidad con la Europa occidental en su conjunto. Vamos a trabajar en ambos sentidos tanto como nos sea posible». (Conversación entre Mao Zedong y Henry Kissinger; 2 de diciembre de 1975)
Aunque a algunos lectores les pueda sonar raro, o serle desconocido, lo cierto es que China tuvo un papel determinante en la consolidación de lo que hoy es la Unión Europea, su apoyo en plena guerra fría a causa de un pragmatismo de alianzas sin igual, sería copiado por todo partido maoísta en Europa que seguía la política exterior de Pekín; lo que les llevaría a apoyar a su burguesía nacional en el poder si ésta cursaba sentimientos antisoviéticos, o si estaba dentro de organismos como la OTAN o la Comunidad Económica Europea, que desde Pekín se veían como bastiones fundamentales contra la Unión Soviética. Todo esto era sin duda un regalo para las burguesías europeas de la década de los años 70, equiparable a la actividad reaccionaria del eurocomunismo que se cristalizó en su política de no salirse de estos organismos so pretexto de «no alterar el equilibrio de alianzas de las superpotencias en Europa».
Breves años después de la muerte de Chou En-lai y Mao Zedong, a inicios y mediados de 1976, sus perfectos sucesores agradecían que les hubieran dejado el trabajo hecho respecto a la Comunidad Económica Europea:
«El Presidente Mao Zedong, el gran líder y educador del pueblo chino, y el Primer Ministro Chou En-lai, quienes quedan grabados en la memoria de nuestro pueblo, estuvieron muy interesados respecto a fomentar relaciones entre China y la Comunidad Económica Europea. Durante su enfermedad, el Primer Ministro Chou En-lai tuvo conversaciones con el emisario de la Comunidad Económica Europea, el anterior Vice-Presidente de este organismo el señor Christopher Soames, en el hospital durante mayo de 1975. Las dos partes decidieron un acuerdo conjunto para establecer relaciones oficiales. Desde entonces nuestros amigables contactos con la Comunidad Económica Europea y sus Estados miembros se han multiplicado y nuestras relaciones económicas y comerciales se han desarrollado». (Li Qiang; En ocasión de la firma del acuerdo comercial entre la Comunidad Económica Europea y la República Popular de China, 3 de abril de 1978)
Estos «agradecimientos» por el legado revisionista que dejaban tanto Mao Zedong como Chou En-lai por sus sucesores no es la primera vez que los vemos, recordemos que en otras ocasiones también hemos visto dar las gracias a los padres del revisionismo chino por la «teoría de los tres mundos», la concepción de las contradicciones con la burguesía nacional, la teoría de tomar al campo como eje de la economía, o el establecimiento de relaciones con Estados y partidos figuras revisionistas. Es por ello que Enver Hoxha advierte claramente que:
«No se pueden combatir ni desenmascarar las actitudes contrarrevolucionarias de Deng Xiaoping y Hua Kuo-feng, si no se combate y no se desenmascara la base ideológica de su actividad, el pensamiento Mao Zedong. (…) Defender a Mao Zedong y sus ideas sin ir al fondo de las cosas, sin analizar seriamente los acontecimientos y los hechos, significa caer en una desviación revisionista. No se puede tener una verdadera actitud marxista-leninista si no se define claramente esta posición». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)
El documento:
China está metiéndose en el juego político de las superpotencias
China se declara a favor del Mercado Común Europeo y de la «Europa Unida» y los apoya.
¿Cuál es el objetivo estratégico de China? ¿Se apoya este objetivo en los principios marxista-leninistas? Para definirlo, debemos definir los propios objetivos de estos organismos que defiende o apoya China.
El Mercado Común Europeo, cuando se creó, tenía por objetivo desarrollar las relaciones económicas y comerciales entre sus miembros, que al principio eran 6 y después 9. El objetivo de esta institución era aportar el máximo beneficio a la burguesía capitalista de cada país miembro, así como reforzar la economía capitalista de cada Estado en particular y de todos ellos en general. Naturalmente, junto con el arreglo del problema de las tarifas aduaneras, se ordenaron toda una serie de cuestiones como el problema de los precios, los problemas monetarios y otros concernientes a las relaciones bilaterales y multilaterales.
Al principio, el Mercado Común Europeo no podía por menos de tener en cuenta la poderosa economía estadounidense y de coordinar su paso, aunque pretendía presentarse como independiente del imperialismo estadounidense. Este último, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, gracias a las «ayudas» que concedió a Europa Occidental, contribuyó a su recuperación económica, pero en ningún momento se olvidó de sus intereses, que eran y continuaron siendo considerables en esta zona. Por lo tanto, con la creación del Mercado Común Europeo, continuaron, por un lado, los esfuerzos del imperialismo estadounidense para dictar a este organismo su política económica y, por otro, los esfuerzos de los miembros del Mercado Común Europeo para liberarse de la tutela estadounidense. Surgieron contradicciones, que se han ido profundizando.
La llamada guerra fría encubría en cierto modo estas contradicciones, porque los miembros del Mercado Común Europeo, incluso si comenzaban a mostrar seriamente su voluntad de independizarse en lo económico, desde el punto de vista de la defensa estaban obligados a vivir bajo el paraguas atómico estadounidense. Como es lógico, los Estados Unidos supieron explotar a su favor el miedo que suscitaba en los países del Mercado Común Europeo una guerra con los soviéticos.